“¿A
que nunca has visto una tarifa tan pequeña?” era la consigna sobre
la que giraba un anuncio de Amena de hace años en el que llovían
del cielo personas que sufrían enanismo. Anuncio que tuvo que ser
retirado al quejarse varias organizaciónes de disminuidos físicos
del contenido del mismo. Suerte similar corrió un anuncio musical de
Bocatta que parodiaba el estilo de vida de los campesinos y que hirió
la sensibilidad de la Asociación de Agricultores de Valencia. El
andaluz soso que encontraba la gracia en Euskal Herria que utilizó
EITB para promocionarse también fue demasiado para el Partido
Popular de Andalucía que exigió que se retirara el anuncio. En un
mundo ansioso por cogérsela con papel de fumar son necesarias
películas, y personas, como Ignasi M.. Con motivos
suficientes como para denunciar a cualquier asociación de personas
que se consideraran afectadas por algo, la actitud ante la vida de
Ignasi Millet debería estudiarse en las escuelas de todo el país.
Al menos así las futuras generaciones entenderían que existen problemas más
graves a los que hacer frente que ciertos anuncios promocionales.
Contar la sinopsis de Ignasi M. sería un pequeño sabotaje a
la estructura que da forma al documental. Siguiendo una estrategia similar a la
que tanto éxito le conllevó a Searching for Sugar Man,
Ventura Pons decide ir revelándonos poco a poco las pequeñas
tragedias que componen la vida de Ignasi logrando en el espectador al
mismo tiempo intriga (¿qué más le puede ocurrir a este hombre?) e
incredulidad (¿por qué no han hablado antes de esto?). No solo
recuerda al multipremiado documental de Malik Bendjelloul sino que
incluso lo mejora ya que la decisión de contarnos la historia de
Sixto Rodríguez como si de una película se tratara fue un recurso
tan acertado como gratuito, sin embargo en Ignasi M. esa
estructura forma parte del mensaje de la propia película. Sería
contradictorio para una historia cuyo mensaje final defiende que hay
suficientes distracciones en el mundo como para pasarnos la vida
lamentándonos, que esta fuera presentada como un enorme drama a
pesar de contar con material suficiente como para, a su lado, hacer de Precious una comedia blanca.
Ventura Pons decide desarrollar la historia de Ignasi Millet con un
estilo y tono similar a las dramedias televisivas que tan en boga han
puesto canales como Showtime o las películas independientes de los
Reitman, Cody o Payne que tanto éxito de crítica y público están
teniendo en los últimos años. Significativo es el diálogo que
tiene Ignasi con uno de sus mejores amigos: “Tenemos la habilidad
de convertir todo lo que nos pasa en tragicomedia”. El elemento que
añaden Millet y Pons y que generalmente no es tan habitual en las
historias antes mencionadas es el de la honestidad. Ignasi es un tipo
comprensivo, independiente, convincente y convencido, y así lo es el
documental que narra su vida. A pesar del “carpe diem” que irriga
cada conversación que tiene Ignasi a lo largo de la hora y media que dura el documental no se puede obviar una de las primeras
sentencias que ofrece el protagonista de este optimista y vitalista
documental: “No puedo culpar a nadie porque se quiera suicidar”.
Aron Murugarren




